Etiqueta Eficiencia Energética: Guía Completa 2026

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Si has comprado un electrodoméstico o un coche últimamente, seguro que te suena la típica pegatina de colores que va de la A a la G. Pues bien, tu casa también tiene la suya. Esa es, en pocas palabras, la etiqueta de eficiencia energética: una nota que revela cuánta energía "traga" tu hogar para ser confortable y, por tanto, cuánto te va a costar a final de mes.

Qué es la etiqueta de eficiencia energética de una vivienda

Más que un simple papel, la etiqueta de eficiencia energética es como una radiografía del consumo de tu casa. Es un documento oficial que resume lo eficiente que es una vivienda en su gasto energético y en las emisiones de CO₂ que genera.

El sistema es muy visual: una escala de colores que va desde el verde oscuro (letra A), para las casas más eficientes y sostenibles, hasta el rojo (letra G), que delata a las que más energía derrochan. Desde 2013, este certificado es obligatorio en España para vender o alquilar un inmueble, gracias al Real Decreto 235/2013. Su finalidad es dar transparencia al mercado y que puedas comparar de un vistazo qué casa te hará ahorrar y cuál disparará tus facturas.

La cruda realidad del parque inmobiliario español

Si miramos los datos, la situación en España no es para tirar cohetes. Tenemos un parque de viviendas muy envejecido y, en consecuencia, tremendamente ineficiente.

Según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), más del 80 % de los edificios españoles tienen una calificación E, F o G. El problema de fondo es que casi la mitad se construyeron antes de 1980, una época en la que el aislamiento térmico ni siquiera estaba sobre la mesa.

La letra E es la más común, presente en casi el 56 % de los hogares. Esto se traduce en que la gran mayoría de las familias están, literalmente, tirando el dinero por ventanas mal aisladas o sistemas de climatización obsoletos. Puedes encontrar más información sobre cómo hemos llegado a este punto en este análisis sobre el certificado energético.

Para que te hagas una idea clara de lo que implica cada letra, aquí tienes un desglose rápido.

Escala de la etiqueta de eficiencia energética de la A a la G

Esta tabla desglosa cada letra de la calificación energética, explicando su significado en términos de consumo de energía y emisiones de CO2 para que los propietarios puedan interpretar rápidamente su certificado.

Letra Nivel de Eficiencia Consumo de Energía (kWh/m² año) Impacto en la Factura
A Muy Alta < 51 Ahorro máximo, coste mínimo.
B Alta 51 – 90 Facturas muy bajas.
C Buena 90 – 140 Consumo reducido y controlado.
D Normal 140 – 200 Gasto moderado, margen de mejora.
E Baja 200 – 280 Facturas notablemente altas.
F Muy Baja 280 – 380 Gasto energético elevado.
G Inexistente > 380 Despilfarro, facturas desorbitadas.

Como ves, la diferencia entre una letra y otra no es ninguna broma.

Una calificación G no es solo una mala nota en un papel. Significa que tu casa es un coladero de energía: pierde calor en invierno y se calienta demasiado en verano, obligándote a poner la calefacción o el aire acondicionado a tope.

En cambio, una vivienda con la letra A está tan bien aislada y equipada que apenas necesita ayuda para mantener una temperatura agradable todo el año. Esta diferencia se nota, y mucho, en el bolsillo, pero también en el valor de mercado de tu propiedad. Si quieres saber cómo dar el salto a una mejor calificación, puedes consultar nuestros artículos sobre eficiencia energética.

Cómo interpretar tu certificado energético sin ser un experto

¿Acabas de recibir el certificado energético de tu vivienda y te sientes un poco perdido entre tantos datos y escalas de colores? Tranquilo, es normal. Aunque a primera vista pueda parecer un documento solo para técnicos, en realidad es una auténtica radiografía de la salud energética de tu casa.

Piénsalo como el mapa de un tesoro, pero al revés: en lugar de decirte dónde encontrar algo valioso, te muestra por dónde se está escapando tu dinero. Vamos a descifrarlo juntos para que se convierta en tu mejor aliado para el ahorro.

Las dos claves que definen tu letra energética

Para entender de verdad tu etiqueta de eficiencia energética, no necesitas un máster en ingeniería. Solo tienes que fijarte en dos cifras que lo resumen prácticamente todo. Son los dos indicadores que determinan si tu casa es una A o una G.

  1. Consumo de energía primaria no renovable (kWh/m² año): Este es el número que más le interesa a tu cartera. Indica cuánta energía que no viene de fuentes renovables (como el gas o la electricidad de la red) consume tu casa cada año por metro cuadrado para estar a una temperatura agradable. Un número alto es una señal de alarma: significa que tu vivienda es "sedienta" de energía, y esa sed se paga cara en las facturas.

  2. Emisiones de dióxido de carbono (kgCO₂/m² año): Este valor mide el impacto de tu hogar en el planeta. Nos dice cuántos kilos de CO₂ expulsa tu vivienda a la atmósfera por metro cuadrado al año. Una cifra elevada no solo significa una mayor huella de carbono, sino que casi siempre va de la mano de un consumo energético por las nubes.

Estos dos valores se miden con una vara estándar, y de ahí sale la famosa letra. Una G te está diciendo a gritos que tanto el consumo como las emisiones están disparados. En cambio, una A es la medalla de oro: un rendimiento energético y medioambiental de primera.

El certificado energético no es un simple papel para cumplir con la ley, es una herramienta de diagnóstico. Te dice con pelos y señales si el problema son las ventanas, la falta de aislamiento o esa caldera de hace veinte años.

Este mapa conceptual lo deja muy claro, resumiendo qué es la etiqueta, cómo funciona su escala y, lo más importante, cómo afecta directamente a tu bolsillo.

Mapa conceptual que ilustra la etiqueta energética, definiendo qué es, su escala y su impacto en el monedero.

Como ves, entender la etiqueta de eficiencia energética es el primer paso para tomar las riendas de tus gastos y, de paso, aumentar el valor de tu propiedad.

¿Qué más te cuenta el informe?

La etiqueta que recibes es muy visual. Verás dos barras de colores, una al lado de la otra. La de la izquierda representa el consumo de energía, y la de la derecha, las emisiones de CO₂. Tu calificación se marca en ambas, así que de un solo vistazo puedes ver dónde estás y cuánto te queda por mejorar.

Pero el documento va mucho más allá de esa primera página. Entre sus apartados encontrarás información de oro:

  • Datos clave del inmueble: La dirección, la referencia catastral y las características básicas de tu casa.
  • Sugerencias de mejora: Aquí está la joya de la corona. El técnico que certifica tu vivienda no solo te da una nota, sino que también te propone un plan de acción. Te sugerirá medidas concretas para subir de letra, como aislar mejor las paredes, cambiar las ventanas por unas más eficientes o instalar sistemas modernos como la aerotermia.

No pases por alto estas recomendaciones. Son, literalmente, una hoja de ruta personalizada para que tu casa deje de malgastar energía, empieces a ahorrar de verdad y aumentes su valor en el mercado.

El coste real de tener una mala calificación energética

Tener una letra F o G en tu certificado energético no es solo una mala nota en un papel. Piénsalo más bien como una alerta roja: es un agujero por el que se te escapa el dinero mes a mes. Esa calificación te está diciendo a gritos que tu casa consume mucha más energía de la que debería, y esa ineficiencia la pagas tú directamente en las facturas de luz y gas.

Para que te hagas una idea, imagina dos chalets idénticos, uno al lado del otro. Uno tiene una calificación B y el otro una G. La familia que vive en la casa G puede llegar a pagar hasta el doble en sus facturas cada año. No es una exageración. Es la consecuencia directa de un aislamiento pobre, unas ventanas que no ajustan bien o un sistema de calefacción antiguo que trabaja a marchas forzadas para mantener la casa caliente.

Dos casas modelo, una perdiendo calor y dinero, otra aislada y ahorrando energía.

El impacto directo en tus facturas

El salto de consumo entre las letras de la etiqueta de eficiencia energética no es lineal, sino exponencial. Solo con pasar de una G a una E, que es la calificación más común en España, ya se nota un buen pellizco en el gasto. Pero el verdadero ahorro, el que cambia las reglas del juego, está en las categorías más altas.

Los datos oficiales pintan un panorama preocupante. Vivir en una casa con calificación F o G supone duplicar el consumo de energía respecto a una vivienda E, y gastar hasta un 100 % más que en una casa eficiente de categoría A. El problema es que esta es la realidad para la gran mayoría: casi nueve de cada diez viviendas en España (un 86,9 %) tienen un certificado E, F o G. Si quieres profundizar, puedes consultar los datos sobre el parque de viviendas español.

Vamos a un ejemplo práctico:

  • Una familia en una vivienda G de 150 m² puede gastar fácilmente unos 2.800 € al año solo en calefacción y agua caliente.
  • Esa misma familia, en una vivienda B, podría reducir ese gasto a unos 800 € anuales.

La diferencia es de 2.000 € cada año. Es un dinero que, en lugar de ir a tus ahorros o a unas vacaciones, se está escapando literalmente por las paredes y ventanas de tu casa. Por eso, optimizar el consumo es fundamental, y puedes empezar con los consejos de nuestra guía definitiva para ahorrar en la factura de la luz para 2026.

Cómo una mala etiqueta hunde el valor de tu propiedad

Pero el golpe al bolsillo no termina con las facturas. A la hora de vender o alquilar, una mala calificación energética se convierte en un lastre que le resta atractivo y valor a tu propiedad en el mercado.

Los compradores e inquilinos de hoy están mucho más informados. Saben perfectamente que una F o una G significa facturas por las nubes y peor calidad de vida. Como es lógico, están dispuestos a pagar menos por ella o, simplemente, la descartan y buscan otra cosa.

Una mala calificación puede rebajar el precio de venta de una vivienda hasta en un 20 % si la comparamos con una propiedad similar con una letra B o A. Si hablamos de alquiler, un piso con una G puede tener que ofrecerse a un precio un 15 % más bajo para conseguir inquilinos.

En la práctica, tu casa se convierte en un activo más difícil de vender y menos rentable. Ignorar la etiqueta de eficiencia energética es, al final, una decisión que te cuesta dinero por partida doble: cada mes en tus gastos y, a largo plazo, en el valor de tu patrimonio. La buena noticia es que esto tiene solución, y está en tu mano cambiarlo.

La nueva ley europea que te obliga a mejorar tu vivienda

Lo que hasta hace poco era una simple recomendación para ahorrar en las facturas, se ha convertido en una obligación con fecha de caducidad. La Unión Europea ha puesto sobre la mesa la nueva Directiva de Eficiencia Energética de Edificios (EPBD), una normativa que obliga a renovar el parque inmobiliario de todo el continente, y España no es una excepción.

Esta ley no es papel mojado. Afecta directamente a la gran mayoría de propietarios y pone en marcha una cuenta atrás que ya no se puede detener. Actuar ahora es, sencillamente, la única manera de proteger el valor de tu casa y evitar problemas a medio plazo.

Los plazos que debes marcar en rojo en el calendario

La directiva establece una hoja de ruta muy clara, con dos fechas clave que van a cambiar las reglas del juego en el mercado inmobiliario. No son objetivos lejanos, sino hitos que están a la vuelta de la esquina y que decidirán si una vivienda puede venderse o alquilarse.

  • Enero de 2030: Para esta fecha, todas las viviendas existentes deberán tener, como mínimo, un certificado de eficiencia energética de clase E.
  • Enero de 2033: El listón vuelve a subir. A partir de aquí, todas las viviendas necesitarán alcanzar una calificación mínima de clase D.

Y el objetivo final es todavía más ambicioso: que para 2050 todos los edificios de la UE sean de cero emisiones, lo que en la práctica equivale a una calificación A. Si tenemos en cuenta que más del 80 % de las viviendas en España tienen hoy calificaciones E, F o G, nos podemos hacer una idea de la magnitud del reto. Si quieres profundizar, puedes consultar este análisis sobre los nuevos requisitos para las viviendas en España.

¿Qué pasa si no cumples la normativa?

Hacer oídos sordos a estos plazos no es una estrategia viable. Las consecuencias de no adaptar tu vivienda van más allá de una simple multa y pueden afectar directamente a tu patrimonio.

El incumplimiento no solo podría acarrear sanciones, sino que te impedirá legalmente vender o alquilar tu propiedad. En la práctica, una vivienda con una calificación F o G se convertirá en un activo "bloqueado", fuera del mercado.

El mensaje de la Unión Europea es rotundo. Los edificios son responsables de cerca del 40 % del consumo energético y del 36 % de las emisiones de CO₂ en la UE, y esta directiva es la herramienta principal para atajar el problema de raíz.

Por lo tanto, la pregunta ya no es si debes mejorar la etiqueta de eficiencia energética de tu casa, sino cuándo y cómo piensas hacerlo. Esperar hasta el último momento solo te traerá prisas, costes más elevados y problemas legales. Anticiparse es la jugada más inteligente para proteger tu propiedad, asegurar su valor y evitar que quede obsoleta por ley. La transición energética en casa ha dejado de ser una opción para convertirse en una necesidad.

La hoja de ruta para saltar de la letra G a la A

Conseguir que una vivienda con una calificación energética baja, como una F o una G, alcance la excelencia de una A o una B puede sonar a misión imposible. Pero la realidad es que, con la estrategia adecuada, no solo es factible, sino que es una de las decisiones más inteligentes que puedes tomar por tu casa y tu bolsillo. Te explicamos el camino, centrándonos en la jugada maestra para disparar tu etiqueta de eficiencia energética: el autoconsumo solar.

Casa moderna con paneles solares, batería de almacenamiento en el techo y unidad de aire acondicionado exterior.

Si bien hay varias reformas que ayudan, como cambiar las ventanas o aislar mejor las paredes, ninguna tiene un efecto tan potente como empezar a generar tu propia energía. La razón es simple y se encuentra en el corazón mismo del certificado energético: el consumo de energía primaria no renovable.

El autoconsumo como motor del cambio

Cuando instalas paneles solares, estás atacando la raíz del problema. Dejas de depender casi por completo de la electricidad de la red, que en su mayoría se genera quemando combustibles fósiles, y pasas a producir energía limpia en tu propio tejado. Cada kilovatio-hora que genera tu instalación es un kilovatio-hora que no tienes que comprar, lo que desploma el indicador que más penaliza tu calificación.

El impacto es tan directo que, en muchos casos, la instalación de un sistema fotovoltaico puede hacerte subir dos o tres letras de golpe. Es la medida que antes se amortiza, no solo por el ahorro mes a mes en la factura de la luz, sino por cómo revaloriza la vivienda de forma inmediata.

Ahora bien, para dar el salto definitivo y rozar la letra A, el secreto no está en una única medida, sino en crear un ecosistema energético inteligente en casa. Es aquí donde la combinación de tecnologías se vuelve imparable.

La estrategia más potente es combinar los paneles solares con baterías de almacenamiento y climatización eficiente como la aerotermia. Esta sinergia te permite no solo mejorar tu calificación de forma espectacular, sino también acercarte a la casi total independencia energética.

Vamos a ver cómo funciona este trío ganador en la práctica:

  1. Paneles solares: Producen electricidad gratis durante las horas de sol, cubriendo al momento todo lo que consume la casa y reduciendo al mínimo la necesidad de comprar energía a la red.
  2. Baterías de almacenamiento: La clave para aprovechar el 100% del sol. Guardan toda esa energía que tus paneles generan pero que no consumes en el momento. En lugar de venderla a la red a un precio bajo, la almacenas para usarla por la noche o en días nublados, pudiendo alcanzar niveles de autoconsumo superiores al 80%.
  3. Aerotermia: Es un sistema de climatización súper eficiente que calienta o enfría tu casa usando la energía del aire exterior. Imagina alimentar este sistema con la electricidad gratuita de tus paneles: el coste de tener tu casa a la temperatura perfecta se reduce a prácticamente cero. Cambiar una caldera vieja de gas o gasoil por aerotermia alimentada con energía solar es uno de los mayores saltos de calidad que puedes darle a tu certificado.

Impacto de cada mejora en tu etiqueta energética

Para que te hagas una idea más clara, hemos preparado una tabla que compara el efecto de las reformas más habituales. Ten en cuenta que los resultados siempre dependen de la vivienda, pero esto te dará una visión muy realista del potencial de cada acción.

Acción de Mejora Potencial de Mejora en la Etiqueta Coste Estimado Periodo de Amortización con Ahorro
Instalación de paneles solares Salto de 2-3 letras (ej. de F a C) Desde 3.900 € 5-7 años (sin subvenciones)
Paneles solares + Batería Salto de 3-4 letras (ej. de G a C) Desde 7.200 € 6-8 años (sin subvenciones)
Cambio de ventanas (doble acristalamiento) Salto de 1 letra 4.000 € – 10.000 € 10-15 años
Aislamiento de fachadas (SATE) Salto de 1-2 letras 10.000 € – 20.000 € 12-20 años
Instalación de aerotermia Salto de 1-2 letras (sin paneles) Desde 9.900 € 8-12 años
Ecosistema solar completo (Paneles + Batería + Aerotermia) Salto de 4-5 letras (ej. de G a A/B) Personalizado 5-7 años (con subvenciones)

Como puedes ver, aunque aislar o cambiar ventanas son mejoras importantes, el ecosistema solar completo es la opción que ofrece el mayor salto en la calificación con el periodo de amortización más corto, sobre todo si aprovechas las ayudas y subvenciones disponibles.

Es, sin duda, la solución más completa para cumplir con las directivas europeas, disparar el valor de tu casa y olvidarte de las subidas de la luz. El camino de la G a la A empieza en tu tejado.

Claro, aquí tienes la sección reescrita con un tono completamente humano y natural, como si la hubiera redactado un experto con años de experiencia en el sector.


Cómo financiar tu salto a la eficiencia sin inversión inicial

Llegados a este punto, es normal que te estés haciendo la gran pregunta: "¿Y todo esto, cómo lo pago?". La idea de una reforma para mejorar la etiqueta de eficiencia energética asusta, sobre todo por el desembolso inicial. Pero tranquilo, porque esa barrera económica ya no es un problema.

La clave está en que la propia instalación se paga sola. Y no es un truco de magia, es pura matemática: el ahorro que generas en tu factura de la luz desde el primer mes es mayor que la cuota de la financiación. En la práctica, esto significa que no solo no tienes que poner dinero de tu bolsillo, sino que empiezas a ahorrar desde el día uno.

Ayudas y deducciones que te allanan el camino

Para ponértelo aún más fácil, tanto el Gobierno como la Unión Europea han lanzado un paquete de ayudas muy potente que reduce el coste de la inversión de forma drástica. Como parte de nuestro servicio, nosotros nos encargamos de todo el papeleo para que tú solo tengas que preocuparte de disfrutar de tu nuevo hogar eficiente.

Las principales ayudas disponibles para 2026 son:

  • Fondos Next Generation EU: Son subvenciones directas a fondo perdido para la instalación de placas solares, baterías o aerotermia. La cantidad exacta depende de la potencia que instales y de tu comunidad autónoma, pero el pellizco es importante.
  • Deducciones en el IRPF: Aquí viene lo mejor. Puedes llegar a deducirte hasta un 60 % de lo que te ha costado la obra en tu declaración de la renta. Es una de las ayudas con mayor impacto, porque Hacienda te devuelve el dinero directamente.

El ahorro paga la cuota (y te sobra)

Vamos a verlo con un ejemplo real, que es como mejor se entienden las cosas. Imagina una familia que quiere pasar de una calificación F a una B instalando un sistema de autoconsumo con paneles solares y una batería.

  1. Coste de la instalación: Unos 10.000 €.
  2. Ayudas aplicadas: Tras tramitar las subvenciones y contar con la deducción fiscal, el coste real para la familia baja a 6.000 €.
  3. Financiación: Deciden financiar esos 6.000 € a 10 años. La cuota mensual se les queda en unos 65 €.

Perfecto, ahora miremos el ahorro. Esta familia pagaba de media 180 € de luz al mes. Con su nueva instalación, la factura se desploma a unos 40 €. Esto supone un ahorro mensual de 140 €.

El resultado es increíble: Cada mes, la familia ahorra 140 € en luz y solo paga 65 € de cuota. Les quedan 75 € limpios en el bolsillo (140 € – 65 € = 75 €). Y todo esto, sin haber hecho ninguna inversión inicial.

Como ves, la idea de que mejorar la eficiencia es caro es un mito. Ya no es un gasto, sino una inversión que se paga sola y te da beneficios desde el primer día. Si quieres explorar las diferentes opciones, aquí puedes consultar en detalle la financiación de placas solares que ofrecemos.

El planteamiento es sencillo: transformas tu casa, aumentas su valor de mercado, cumples con la normativa europea y, por si fuera poco, ganas dinero cada mes. Es el momento perfecto para dar el paso.

Resolvemos tus dudas sobre la etiqueta energética

Llegados a este punto, es lógico que te surjan preguntas concretas sobre la etiqueta de eficiencia energética y qué significa todo esto para tu bolsillo y tu día a día. Vamos a responder a las dudas más habituales que nos plantean los propietarios, de una forma clara y sin rodeos.

¿De verdad es obligatorio tener el certificado energético de mi casa?

Sí, sin ninguna duda. Desde 2013, si quieres vender o alquilar tu vivienda, necesitas tener este certificado en vigor. Y no es un mero trámite, porque no tenerlo te puede acarrear sanciones de hasta 6.000 €.

Pero lo crucial no es solo el presente. La normativa europea ya ha marcado el camino: para 2030, todas las viviendas deberán tener como mínimo una calificación E, y para 2033, una D. Si tu casa no cumple, te encontrarás con que no podrás venderla ni alquilarla legalmente. Se convertirá, en la práctica, en un activo "atrapado" y fuera del mercado.

Mi certificado es una F, ¿es realista pensar que puedo llegar a una B o una A?

Totalmente. Puede sonar a un salto enorme, pero con una estrategia bien pensada, es un objetivo más que alcanzable.

De todas las mejoras posibles, hay una que destaca por su impacto directo: instalar paneles solares para autoconsumo. ¿Por qué? Porque ataca la raíz del problema, que es el consumo de energía de la red, uno de los factores que más penaliza en la calificación. Si a esto le sumas un sistema de climatización eficiente como la aerotermia y mejoras básicas de aislamiento, el salto de varias letras en tu certificado está prácticamente asegurado.

Pasar de una F a una B o incluso a una A no es ciencia ficción. Es el resultado de invertir de forma inteligente. En SolarYou, nuestro estudio gratuito te traza la hoja de ruta personalizada para que sepas exactamente cómo conseguirlo.

Me preocupa el coste, ¿cuánto dinero necesito para empezar con estas mejoras?

Aquí viene lo interesante: la inversión inicial puede ser de cero euros. Nosotros nos encargamos de mover ficha por ti para gestionar todas las ayudas y subvenciones disponibles, como los fondos Next Generation, que a menudo cubren una parte muy significativa del coste.

El importe restante se puede financiar con unas cuotas que, en la mayoría de los casos, son inferiores al ahorro que obtienes en tu factura de la luz desde el primer mes. Dicho de otro modo: empiezas a ahorrar desde el día uno sin tocar tus ahorros, haciendo que la propia mejora se pague sola.

Una vez que instale los paneles solares, ¿cuánto se tarda en actualizar el certificado?

El proceso es sorprendentemente rápido. Una vez que la instalación está terminada y en marcha, un técnico cualificado vuelve a tu casa para hacer una nueva evaluación.

Con los nuevos datos, emitirá el nuevo certificado energético que ya reflejará esa mejora espectacular en la eficiencia. Por lo general, el registro oficial de este nuevo certificado se completa en un plazo de 48 a 72 horas. Si prefieres despreocuparte, podemos coordinar todo el trámite como parte de nuestro servicio para que tú no tengas que hacer nada.


En SolarYou hacemos que dar el salto a la eficiencia sea fácil y, sobre todo, rentable desde el primer día. Pídenos tu estudio solar gratuito y descubre cuánto podrías ahorrar mientras tu casa se revaloriza. Solicita tu estudio personalizado sin compromiso en https://solaryou.es.

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